Y llegó la señora envidia.
Quemando a su paso ilusiones, proyectos
cariño amontonado
y dejando tras de sí cenizas
q el viento esparció
sobre los cadáveres de
los sueños de amores
no vividos.
Y cuando ya no hubo
más q aniquilar
siguió su camino
en busca de víctimas
q la hicieran disfrutar
marionetas en sus manos
frías y calculadoras
cortantes y afiladas
cual tijeras de cocina
donde se cocinaban
otros sueños, otros cariños,
otros próximos cadáveres.